Los profesionales o sus emisarios van en busca de presas, alertados por policías o personal hospitalario que notifican un siniestro. “Nos invaden”, dijo literalmente el jefe de Traumatología del HJMC. Las prácticas ya obstaculizan la atención médica. Diagnósticos, cuadro de situación y medidas a tomar
Llegan al hospital vestidos como cualquier otro vecino que requiere una atención médica; se mueven con soltura y hasta con cierta cuota de soberbia. Pasan desapercibidos entre cientos de personas que a diario transitan por los pasillos con el peso de la carencia económica y el dolor de un drama familiar. Y de eso sacan provecho; de la vulnerabilidad en todo sentido que reviste la persona en su condición de víctima. Son los “caranchos”; abogados o “punteros” enviados por estudios jurídicos que hacen, sobre todo a partir de los accidentes de tránsito, una nueva industria del juicio.
La guardia y el Servicio de Traumatología del Hospital José María Cullen se convirtieron en epicentros de estas prácticas. “Convivimos con ellos”, dijo el
director del nosocomio, Dr. Francisco Sánchez Guerra. La situación llegó al extremo de que el propio jefe de Traumatología inició una especie de pegatina con carteles en su sala para advertir a los pacientes. “Los engañan, los extorsionan; les ofrecen dinero, los amenazan con quedarse con sus hijos, si los pacientes no firman el poder. Por eso, empecé a pegar carteles sugiriéndoles que no le firmen a cualquiera”, relató el Dr. Carlos Moya.
El “profesional” o su emisario conminan al paciente a firmar advirtiéndole que si no lo hace en el momento, perderá sus derechos. Así, la persona cede su representación en un eventual juicio o futuro resarcimiento económico. El procedimiento se hace bajo falsas promesas -la víctima termina recibiendo una ínfima parte del dinero que se cobra tras el reclamo- o mediante acciones coactivas, como la retención del DNI.
Fuente: El Litoral
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